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sábado, 28 de diciembre de 2019

Lemmy Kilmister. 24/12/1945 - 28/12/2015


  Hoy 28 de diciembre se cumplieron cuatro años de la muerte de Ian Fraser "Lemmy" Kilmister. La que fue tan súbita como inesperada para el colectivo del rock, o al menos para todos aquellos a quienes nos gusta su música y seguimos a la banda. No porque fuera muy sorpresiva; ya tenía 70 años y había llevado una vida de excesos (lo sorprendente es que haya vivido tanto), pero de alguna forma era la encarnación del espíritu del lema sex and drugs and rock´n´roll, ese personaje que encarnaba el rock en su estado puro. Hasta su apariencia transmitía eso, Lemmy solía comentar respecto a su particular forma de vestir: la gente no queire ver a su vecino sobre el escenario, quiere ver a un tipo que parezca venido de otro planeta.

  Por eso es que, en vida y mucho más luego de su muerte, sin duda se ha convertido en un ícono, al igual que su banda, Motörhead. 

  Se han realizado documentales, tributos y hubo sentidos discursos cuando se supo la noticia de su partida, pero fue el propio Lemmy quien, de alguna forma, escribió aquello que él quería que fuera recordado cuando publicó su libro de memorias en el año 2002. Lo hizo mucho antes que alguno de los músicos de su generación, quienes luego también comenzaron a escribir sus autobiografías (o lo que sus deterioradas memorias podían recordar). En algunos casos, fiel testimonio de unas vidas excepcionales, en otros, con cierta alteración intencional de la realidad, pero sin duda, las memorias de cualquier rockero siempre son, por lo menos, interesantes. Tal vez por haber visto o sentido a la muerte muy cerca, varias veces, Lemmy, quien ya se había convertido en una institución y era respetado por casi todos dentro del mundo del rock, en White line fever, decidió registrar su historia,  (cualquier día puede ser el último). El título de su autobiografía al igual que el nombre de su banda (Motörhead), es una de las formas de denominar a los adeptos a las anfetaminas, a las que fue adicto durante varios años. 


  Si bien lucía habitualmente con un gesto adusto en las fotografías, sus  canciones parecían tener una furia incontenible, el volumen demencial al que sonaba la banda en vivo y su particular forma de tocar el bajo, podían hacer suponer que Lemmy estaba enojado con la vida (born to lose, live to win), pero en realidad era un hombre con un agudo sentido del humor,  ácido en sus comentarios (no tenía pelos en la lengua), y sobre todo por su carisma, era un personaje capaz de generar respeto y admiración sin tener que asumir ninguna pose ni falsa actitud rocker. White line fever, es un libro por el que fluye rock ’n’ roll, desde la primera página hasta la última y que hoy más que nunca vale la pena volver a leer y redescubrir.

  Habitualmente las memorias de rockeros o sus biopics, se esfuerzan por magnificar y adornar sus aspectos auto destructivos y realzando los excesos de toda clase, jactándose de ello (los que han sobrevivido para contarlo) intentando luego redimirse ante sus críticos, con reflexiones aleccionadoras del tipo "no hagan lo que yo hice" o "en esa época estaba muy colgado". Sin embargo, en el caso de Lemmy, no hace ningún esfuerzo para subrayar su imagen de estrella de rock. Al contrario, en ocasiones da la impresión de restarle importancia a algunos de sus habituales y famosos excesos. Lemmy era muy pragmático, su famosa frase antes de hacer sonar la primera nota en sus conciertos: "somos Motörhead y tocamos rock ’n’ roll" resume su filosofía de vida, a tope y directa. 

   Pero, al contrario de lo que sostiene su canción "Dead Men Tell No Tales", en el caso de Lemmy, un repaso a su vida, años después de su muerte, nos da una perspectiva diferente, ya que con una mirada en retrospectiva muchas cosas toman una dimensión diferente. Y como solía decir "live fast, die old"

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